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El antecedente de la formación de nuestro gremio se
da en el año 1916 con el primer conflicto desarrollado por los
trabajadores que se encargaban de la recolección de residuos para la
Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. Fue la primera lucha.
De ahí hasta hoy, esa ha sido la característica de
nuestro gremio: la lucha.
Lucha que se dio fundamentalmente en los momentos
más difíciles, como en los años 60 cuando el peronismo estaba proscripto.
En esos años, y después de un paro prolongado por
falta de cobro de los salarios en el mes de diciembre de 1966,
conquistamos la conducción del sindicato en elecciones.
La lucha se expresa de distintas maneras.
El conflicto es una herramienta fundamental en la
lucha, pero la discusión en paritarias es el ámbito natural del accionar
sindical en democracia.
Tanto el integrante de un Consejo Directivo como un
Delegado de base, tienen que saber actuar con responsabilidad,
prudencia, convicción y decisión en la discusión paritaria como en el
conflicto.
El que conduce tiene la responsabilidad de orientar
y de ofrecer el mejor camino. Tiene que saber que a un trabajador cuando
se lo embarca en un conflicto o en una negociación, es para dejarlo en
una posición mejor que la que tenía al comienzo de la negociación o del
conflicto. Nunca para colocarlo en una situación peor.
La representación es una relación de ida y vuelta en
la que se genera un compromiso mutuo. El que delega la representación
deposita su confianza en quien la delegó. Quien recibe la confianza debe
devolverla con la misma lealtad, sin exponer a su Compañero.
En la lucha, la responsabilidad de la exposición es
del dirigente. La responsabilidad del Compañero es la de ser solidario
en esa lucha.
Así se construye y se consolida la relación en la
lucha sindical.
Además la representación es una relación que hay que
revalidarla permanentemente, en asambleas, elecciones y con la conducta
personal.
De esa manera se fortalece la organización.
El respeto también es fundamental en la
representación.
Hay que respetar a quienes apoyan lo que uno propone
y también a quienes piensan distinto.
No se construye solo con la homogeneidad, sino
también desde la diversidad, desde la opinión distinta de quien de buena
fe expresa su posición. Eso también consolida la organización. Quien no
tiene posibilidad de expresarse legítimamente resulta marginado y
termina con el debilitamiento de toda la organización. Hay que
expresarse libremente y después, ser respetuoso de la decisión de la
mayoría.
De ese modo se hace grande una organización sindical
que se reconoce amplia en la pertenencia ideológica diversa de quienes
la integran, pero homogénea en la defensa de los derechos de los
trabajadores.
Así es nuestro gremio. Así seguirá siendo hacia el
futuro.
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