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    DOCUMENTO

 

Plenario Gral. Delegados

11-10-2006

 

En el presente y de cara al futuro

 

 
 

Ha sido una constante en la historia de nuestra organización, luchar por la conquista de condiciones dignas de trabajo.

Este concepto implica no sólo salarios acordes a la realidad socioeconómica del país, igualdad de oportunidades, seguridad y estabilidad, capacitación, evitación de riesgos laborales, derecho a la carrera sino, también y muy especialmente, abrir cauces para promover el progreso personal y grupal de los servidores públicos, a fin de responder a la demanda de la comunidad con verdadera eficacia.

Durante estos años de permanente bregar experimentamos sucesivos altibajos, debidos fundamentalmente a las oscilaciones ideológicas y a los cambios de los modelos económicos que distintos elencos gobernantes pretendieron imponer.

Así fuimos vivenciando diversas situaciones, derivadas de relaciones de poder hegemónicas que tiñeron con diferentes dosis de dramatismo el contexto societario.

De un un Estado soberano, protector del bien común, fundado en la doctrina nacional justicialista, que abreva en el pensamiento humanista y cristiano, pasamos, brutalmente, al modelo economicista del proceso, de pronunciado sesgo capitalista liberal; a éste le continuó el descontrol económico de la reconstrucción democrática que, si bien meritoria en muchos aspectos, aniquiló el poder adquisitivo de los salarios.  Posteriormente, fue la instalación del paradigma globalizador de los 90, con su política de privatizaciones y enajenaciones de bienes estratégicos y de servicios esenciales, la que erosionó al mundo del trabajo asalariado.  La modernización tecnológica de esta etapa tuvo un costo demasiado alto.

El epílogo de la época lo marcó la crisis de la alianza, que puso a la Nación al borde de la hecatombe

Finalmente, hoy, vivimos un período de crecimiento económico, que se sostiene en los últimos tres años.  Sin embargo todavía resulta insuficiente para superar la pobreza y la indigencia que afectan a un número considerable de compatriotas, muchos de los cuales quizás ya no tengan posibilidades de reinserción en el mercado laboral, quedando definitivamente excluidos.

En todos estos escenarios, que se sucedieron vertiginosamente, tuvo que desenvolverse el movimiento obrero.

En los momentos más álgidos y conflictivos que debimos actuar, y pese a tener a poderosos grupos de poder en contra, incluyendo gran parte de la prensa y a los formadores de opinión, nos atrincheramos en la defensa irrestricta del trabajo digno, levantando la bandera de un Estado responsable en el cuidado y la atención de la comunidad que representa y conduce.

Por ello nos opusimos con toda la fuerza de nuestros principios y de nuestra organización a las estrategias privatistas.

Merced a esto logramos mantener las fuentes de trabajo, ostentando el sano orgullo de no haber resignado un solo hombre ni una sola mujer en esta confrontación.

Fue por esto, también, que pudimos evitar, una vez que el País emergió abruptamente de la ficticia euforia del consumo superfluo, que las instituciones del Gobierno de la Ciudad colapsaran.

El haber aceptado en su momento la masiva externalización de los servicios públicos, tal como el gobierno de turno proponía y quería llevar a cabo, hubiera traído como consecuencia el debilitamiento de la institución comunal, llevándola al límite de su disolución en materia de prestaciones.

Los funcionarios y empresarios aliados en la “Patria Privatista” se resisten a reconocer esta verdad.

Una vez que salimos del período recesivo, del congelamiento salarial y de la restricción del ingreso de personal, comenzamos a recuperar rápidamente el salario y, con ello, aumentar el poder adquisitivo de la familia municipal y a cubrir las necesidades más urgentes de las áreas del gobierno.

En el presente, octubre de 2006, podemos verificar que el convenio firmado el año pasado poniendo en marcha la Carrera Administrativa, a lo cual se suma el último incremento salarial obtenido, nos coloca en una situación de privilegio dentro del sector público, comparando funciones iguales y sueldos correspondientes, e incluso en  relación con el sector privado.

Si a lo dicho le agregamos las acciones desplegadas para la eliminación de los contratos “basura”, para la incorporación efectiva del personal que revistaba en condiciones de precariedad, incluyendo el de los planes Jefes y Jefas de Hogar que efectúan contraprestaciones en áreas del Estado Porteño, más el avance en materia de nuevos organigramas de conducción y el redimensionamiento de las dotaciones, arribamos a la conclusión que el saldo de nuestro protagonismo ha sido, hasta ahora al menos, exitoso.

En este saldo debemos computar, asimismo, el proyecto que hemos encarado para reposicionar a nuestra Obra Social, que fue una de las tantas instituciones que sufrió la declinación causada por el deterioro económico y político.  Equilibrados ahora sus balances nos hemos planteado el desafío de transformarla, en el corto plazo, en un Instituto de excelencia, montando un sistema de atención integral y cuidado de la salud para todos sus afiliados titulares y de sus grupos familiares, incluyendo a los jubilados y pensionados que jamás abandonaremos.

La unidad gremial, sustentada en una concepción solidaria y peronista de la sociedad y del trabajo, nuestra participación en la elaboración de la legislación laboral en el ámbito local, que arranca con el anteproyecto de la Ley Nº 471, que introdujo, como conquista mayor las convenciones colectivas de trabajo, la actividad militante del conjunto de compañeros de nuestro sindicato, fueron y son las herramientas que posibilitaron acceder a estos logros y permitirán alcanzar los futuros.

Sin embargo, y si bien ello resulta sumamente válido a título de inventario, no basta aún para cubrir la totalidad de nuestras expectativas.

El propósito que perseguimos es el de seguir progresando por esta senda, optimizar cada vez más las condiciones laborales y perfeccionar la Carrera, de tal manera que ella posibilite un futuro de previsible crecimiento para el conjunto de los trabajadores.

Es imprescindible calificar al trabajador ofreciéndole los medios para su perfeccionamiento profesional, continuar jerarquizando los salarios, evitar tanto la arbitrariedad y la inequidad como la injusticia y la discriminación.

En definitiva, promover el trabajo decente.

Asumimos con responsabilidad total el mandato ineludible que toda organización de trabajadores posee y que es en esencia, lo que justifica la razón de su existir: esforzarse en la construcción de un sociedad justa, de hombres libres y de trabajo digno.

Para concretar este propósito contamos, principalmente, con la potencia que proporciona la consolidada unidad de nuestros trabajadores, arraigados en su pertenencia gremial, y dispuestos a protagonizar un futuro que garantice la paz y la prosperidad social.

Por último debemos decir, con absoluta convicción, que para escalar ese futuro nos hemos preparado, incluso para superar todo obstáculo que conspire contra el porvenir del movimiento obrero y el de nuestra organización.

Estamos dispuestos a seguir en el camino de las negociaciones y de los consensos, pues nos anima un espíritu de concordia y de respeto,  proclive a los acuerdos legítimos.

Nos vemos obligados a  dar a conocer, también en homenaje a la sinceridad que mutuamente nos debemos con las autoridades políticas, que estamos decididos a emplear todo nuestro potencial en la confrontación y en la lucha si las necesidades y los derechos de los trabajadores son desoídos, agraviados o subalternizados.

Somos fervientes defensores de la paz, pero sólo la entendemos como el fruto final de la instauración previa de la justicia.

 

 
 
 

CONSEJO  DIRECTIVO   SUTECBA

 

 
 
 
                        
 

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